The story
Hola, soy Avsha, tu guía en este recorrido por la historia viva de Sevilla. Detente un momento y levanta la vista. Te encuentras ante dos colosos de granito que parecen sostener el cielo azul de la ciudad.
Estas son las columnas romanas de la Alameda de Hércules, un monumento que es, literalmente, el cimiento de la identidad sevillana. Para entender lo que tienes delante, debemos viajar casi dos mil años atrás, a la época de la Hispalis romana. Estas columnas no se tallaron para este parque; originalmente formaban parte de un imponente templo situado en la actual calle Mármoles, en el corazón de la judería.
De aquel templo aún quedan tres piezas allí mismo, hundidas en el suelo, pero estas dos que ves aquí fueron rescatadas en el año 1574. Fue el Conde de Barajas quien decidió trasladarlas hasta este lugar. En aquel entonces, la zona que pisas no era un paseo elegante, sino una laguna insalubre formada por las crecidas del río Guadalquivir.
El proyecto fue revolucionario: drenar el pantano, plantar álamos y crear el que hoy se considera el jardín público más antiguo de toda Europa. Pero un jardín así necesitaba guardianes a su altura. Si observas la cima de las columnas, verás dos figuras esculpidas por Diego de Pesquera.
A la izquierda, reconociendo su fuerza legendaria, se encuentra Hércules, el mítico fundador de Sevilla, flanqueado por las columnas que, según la leyenda, él mismo separó para abrir el Estrecho de Gibraltar. A la derecha, verás a Julio César, quien amuralló la ciudad y le otorgó su carácter imperial. Es un diálogo entre el mito y la historia, vigilando el devenir de los sevillanos.
Fíjate en las marcas del tiempo en el granito. Estas piedras han visto a la aristocracia del siglo de oro pasear en carruajes, han sobrevivido a las inundaciones más feroces del río y fueron testigos de la transformación de este barrio, que pasó de ser una zona marginal y bohemia a convertirse en el epicentro cultural y social que es hoy. Al caminar hacia el otro extremo de la Alameda, encontrarás otras dos columnas.
Pero no te dejes engañar: aquellas son réplicas del siglo dieciocho. Las que tienes frente a ti ahora son las auténticas, las que traen consigo el polvo de los siglos y el eco del imperio. Te invito a que rodees sus bases, toques su piedra fría y sientas la energía de un lugar que lleva casi cinco siglos siendo el salón de juegos, el centro de debate y el alma libre de Sevilla.
Disfruta del bullicio de las terrazas y el aroma de los azahares, porque aquí, bajo la mirada de Hércules y César, el tiempo se detiene para dejarte disfrutar del presente.